Iban Onandia: debemos especializarnos por etiologías o grupos de trastornos

¿Quién Iban Onandia?

Iban Onandia es un chico hecho de pequeños detalles, de pequeñas casualidades. Un chaval que con 12-13 años decide dedicarse a algo que no sea “fácil” y mecánico, que requiera integrar conocimientos de muchas áreas, que no sea artificioso y creado por el ser humano, pero sobre todo que comprenda contacto social. Un chico que se enamoró de la Psicología en detrimento de la medicina en 1º de Bachillerato cuando una profesora maravillosa que daba la asignatura de Psicología le transmite su pasión por ésta.

Los inicios

Un chaval que se tuvo que pagar la carrera en la universidad privada trabajando desde los 18 años, que decidió emigrar con su chica a Barcelona para terminar allí su carrera con un bagaje más amplio fuera de la corriente cognitivo-conductual que imperaba por aquel entonces en Deusto; que sobrevivió de forma autónoma y aumentando aún más el bagaje personal en esa experiencia lejos de casa; que volvió a su lugar natal terminada la carrera e hizo el Máster a la vez que ya ejercía, al igual que el posterior doctorado (en ambos caí en prácticas por casualidad en las áreas que a día de hoy más me desenvuelvo, como es el TDAH y las demencias), no sin antes volverme a enamorar, esta vez de la Neuropsicología infantil, de la mano de profesores excepcionales como Segarra, Junqué, Pueyo, etc.

¿Qué has aprendido?

Pero que sobre todo, ha aprendido más de sus peques que de 11 años de ejercicio profesional, de sus pocos (legado de mi introversión) pero grandes y duraderos amigos, que disfruta mucho de un café con ellos siempre que el debate y conversación que se genere sea igual de intenso que su sabor, de sus bucles de pensamiento y análisis sin final a la vista; de la autocrítica que guía toda mi vida y todos mis aspectos, esa sempiterna búsqueda de la perfección que ha ido en cierta manera amortiguando el hecho de que ahora mismo tenga tantas ocupaciones que se haya tenido que relajar la serotonina y la dopamina en el circuito CSTC (no hay mal que por bien no venga) En definitiva, que todo el mundo le encuentra en esa necesidad constante e incesante de aprender, saber, investigar, experimentar, preguntar (…)

Quizás se esperaría que respondiera con un par de frases y algo más acotado, pero soy incapaz, porque estoy hecho a base de todos esos matices (y alguno más que por pudor sólo conocen mis más allegados).

Trayecto profesional de Iban Onandia

A continuación, con el fin de que el lector conozca algo más sobre su trabajo, le realizaré una serie de preguntas.

¿En qué está trabajando actualmente?

Tengo la enorme suerte de poder decir que dirijo un equipo multidisciplinar con 5 compañeras especializadas en ámbitos y áreas muy diferentes para poder atender toda la diversidad de casos que entran en el gabinete, que fundé como aventura personal pero por suerte apadrinado por méritos propios allá por 2009, donde yo atiendo sobretodo pacientes infanto-juveniles con TDAH (algunos adultos, siempre que tengan este trastorno) y algunos con trastornos más psicológicos/psiquiátricos.

Además, trabajo también en evaluaciones y ensayos clínicos en deterioro cognitivo y demencias en la Policlínica Gipuzkoa de Donostia desde hace ya 3 años, ciudad donde paso gran parte de la semana porque también doy clases en la UPV/EHU como asociado en los grados de Psicología y Criminología. Además, dirijo TFM en el máster de la UOC, soy revisor de algunas revistas científicas y demás cosas que ocupan mi tiempo libre (sobre todo).

Y claro, cómo no, he tenido el inmenso placer de poder escribir y publicar hace pocos meses una guía clínica práctica en torno a la evaluación de los procesos atencionales que genera más preguntas que respuestas, pero que sobre todo deja en evidencia lo poco que sabemos de estos procesos (especialmente en lo que a su engarce con otros procesos cognitivos se refiere) y la gran necesidad de formarnos un modelo propio para el trabajo clínico con pacientes que tienen afectación en los mismos.

¿Cuáles son sus futuros proyectos? o ¿qué proyectos le gustaría emprender?

Hay varios que me tienen enamorado y ocupado, pero especialmente apasionado estudiando y empapándome me tiene un proyecto que posiblemente termine con un libro en torno al trauma del desarrollo y su relación con los Trastornos del Neurodesarrollo (tengo unas amigas y compañeras que me contagian una pasión increíble por esta área y por la necesidad que existe en la misma de recursos, conocimientos, etc.).

Además, existen algunos otros proyectos que se abren ahora, varios de ellos en forma de artículos a escribir, en torno a la atención, las demencias (… ) Me preocupa y ocupa especialmente generar una unión transversal que una Psicología y Neuropsicología, porque creo que son dos disciplinas que necesariamente han de complementarse en los trastornos en los que yo trabajo, pero que a menudo cada uno va por su lado, de forma que tenemos demencias evaluadas de forma impecable a nivel cognitivo, pero que a nivel clínico no se sabe y trabaja absolutamente nada, y con una intervención clínica que brilla por su ausencia; y si nos ponemos a analizar lo que sucede con los cuidadores (…) es ciertamente triste.

Y eso que sabemos que la sintomatología clínica (sea en la población y ámbito que sea) es de suma importancia en la cognitiva, y viceversa; al igual que sucede con el tema de mi mayor soporte para sobrellevar la patología/trastorno… De ahí que mis últimos proyectos (especialmente mi tesis) sea un hilo que intenta coser y fortalecer la relación entre ambas disciplinas, aunque sé que no es una perspectiva muy bien vista por ninguna de las dos disciplinas (curiosamente).

Algunos apuntes sobre la Neuropsicología

Como neuropsicóloga son bastantes las cuestiones que me gustaría plantearle. No obstante, debido a la escasez de tiempo, le plantearé algunas preguntas que a mi parecer podrían ser interesantes para el lector.

Hemos visto en algunas RRSS que se define como psicólogo y neuropsicólogo; ¿es posible? ¿no es necesaria la especialización? ¿por qué esa diferenciación?

Como he mencionado anteriormente, creo en la aportación de una a la otra. Debemos partir desde el conocimiento de que yo trabajo con trastornos que tienen una importante afectación de base en ambas, que sin el trabajo de ambas la mejoría es a menudo poco significativa. Es probable que no me dedicara nunca al DCA, por ejemplo, porque creo que debemos especializarnos por etiologías o por grupos de trastornos para poder saber de forma específica de ellos.

Al fin y al cabo, según mi modesta opinión, de esos trastornos deberemos intentar saber el máximo posible: factores etiológicos, aspectos genéticos, cognitivos, clínicos, cómo ayudar a las familias a nivel psicológico y de cuidados (no sólo la psicoeducación, sino más allá) absolutamente todo, porque bien es sabido que una leve oscilación en muchos de esos aspectos puede generar un cambio diametral en la clínica, en la mejoría, etc. También es importante rodearse de buenos y variados compañeros (a nivel formativo y profesional) para poder disipar y resolver las dudas que puedan surgir en aquellos aspectos y/o ámbitos en los que no tengamos tanta formación o experticia, porque al final en clínica entra por la puerta una diversidad de casos tal, que es imposible abarcar todo el conocimiento sobre todos.

Sin embargo, bien es cierto que algunos trastornos pueden requerir de una mayor profundización del conocimiento cognitivo (pongamos por ejemplo el DCA), y ahí es verdad que quizás yo no tenga un conocimiento tan amplio de la Neuropsicología de éstos, y no tengo problema alguno en reconocerlo. Pero es que tampoco lo tengo sobre otros ámbitos como la patología en adultos, por ejemplo.

Sabemos que unos de sus campos de actuación, como profesional, es el relacionado con el TDAH.¿Qué opina de la controversia acerca de la realidad del trastorno?

Que es absurda y que no tiene más explicación que el interés económico. Y es que es innegable que tenemos todavía mucho más desconocimiento que conocimiento en el trastorno, que queda mucho por pulir y que hay aspectos como el neuropsicológico en el que creo que no se ha profundizado en absoluto (porque no se ha interesado a un sector de los que se dedican al trastorno), que creo que tiene muchísimo que aportar en esta área porque creo que es la “cura” contra el modelo psiquiatrizante que impera también en el TDAH, y es la clave para un diagnóstico eficaz y efectivo.

Al final, somos una disciplina joven que, aunque en proporción a los años que lleva teniendo cuerpo propio ha demostrado muchísimo, como legado de pertenecer al tronco común de la Psicología estamos al albur de lo que estimen los médicos (neurólogos y psiquiatras) que tienen gran parte del pastel y el interés volcado en el trastorno.

Algunos datos sobre el TDAH

Así, no es raro encontrarnos verdaderas burradas en torno al TDAH que son imposibles de digerir, como estudios que “descubren” una prevalencia del 8,5 %, medicaciones que se prescriben sin demostrar una eficacia superior a las anteriores o diagnósticos “automáticos” online, como quien pasa por el control aduanero automático que han implantado en Barajas.Y lo peor de todo es que quien paga toda esta negligencia profesional no es otro que el paciente y sus allegados, los cuales no tienen ninguna duda de la existencia del trastorno, y realmente se desespera y muere en vida cuando nos ve discutir de algo tan básico en un trastorno que ya tiene 230 años que se describió por primera vez.

Es poco serio que dediquemos esfuerzos y excesivo tiempo a mirar atrás en algo tan constrastado, pero no se quiera bajar a la arena y ponernos a mejorar constructivamente y de forma proactiva, hacia delante. Eso sí, como autocrítica deberemos mejorar mucho el diagnóstico (integrando la parte cognitiva al mismo, que ha sido denostada suponiendo la sintomatología nuclear) y con el ello el mal-diagnóstico; analizar, estudiar y constatar de forma objetivable el efecto de las variables implicadas en la evolución y pronóstico (además de en la génesis, dado que hay tantas condiciones que pueden interferir, que se antoja difícil abarcar el conocimiento de todas) y trabajar en pos de un algoritmo diagnóstico que dé solución a la gran heterogeneidad que caracteriza al TDAH. Sin embargo, llevamos los últimos 30 años desarrollando moléculas nuevas en un trastorno en el que poco se ha movido el conocimiento básico. Elocuente (…)

Ahora que empieza el cole (…) ¿un consejo para aquellos docentes que se encuentran con esos “niños moviditos” en el aula?

Los primeros días del curso son la clave de todo: si se establece una relación muy explícita donde se normativice bien la relación y la dinámica del aula, gran parte del éxito está asegurado. Pero esto debe venir acompañado de algo imprescindible en toda condición y patología pediátrica, que a menudo en el aula se olvida: la empatía y comprensión de los procesos del niño/adolescente, que requieren quitar la mesa de en medio y agacharse al nivel del niño, entenderle y hablar con él, como quisiéramos que hicieran con todos los seres humanos. Trabar una relación humana, en la que nos entendamos mutuamente, es imprescindible en toda intervención, clínica, educativa… ¡la que sea! Y se nos olvida tan a menudo (…)

El futuro de la Neuropsicología

En la actualidad, el futuro de la Neuropsicología es uno de los temas más controvertidos. Nos gustaría conocer su opinión al respecto.

¿Debería ser la Neuropsicología una especialidad reglada como la Psicología Clínica?

Sin duda. Creo que nadie duda de ello. La cuestión está en cómo o bajo que legislación. Está claro que, como en todos los ámbitos clínicos, la Neuropsicología requiere un batallón de horas de práctica clínica, de supervisión y, especialmente, de ver la mayor heterogeneidad de patologías y trastornos posible. Por tanto, la mejor vía para ello, es establecerla bajo la vía de residencia, que es la única que provee a día de hoy esa cantidad de práctica clínica.

La pena es que algunos privilegiados (mucho de los cuales son especialistas en Psicología Clínica por bendición caída del cielo) se hayan querido apropiar del sistema y lo “protejan” y blinden de disciplinas que no sea la residencia en Psicología Clínica Generalista. Por otro lado, el sistema PIR que tenemos en España es minoritario, y en pocos países se accede mediante ella a ser psicólogo clínico (Italia, Holanda, Suecia y UK en el caso de la UE).

De igual manera sucede en la Neuropsicología, donde cada país también tiene un sistema propio, y en el caso de España ni eso. No dudo que más temprano que tarde tendremos un reconocimiento oficial, que ya ha empezado a hacerse realidad poco a poco con la acreditación. Debemos seguir dando pasos y valorizar nuestra disciplina, porque todos los profesionales sanitarios coinciden en afirmar que aportamos un valor capital a la sociedad.

¿La Neuropsicología debería reducirse únicamente al ámbito clínico?

Bueno, es que eso es un oxímoron. Está claro que toda disciplina clínica tiene su ámbito de aplicación (la clínica, valga la redundancia), pero debe haber una estructura de base que se encargue de nutrir de conocimientos todo lo que se hace en ella, y ahí entra el plano académico. Ahora bien, creo que deberían ser dos vías diferentes, ya que en investigación no es tan raro ni difícil compaginar varios ámbitos (p.e., Neuropsicología y Psicología clínica), pero eso en la clínica no hace más que redundar en un perjuicio para el “usuario final”, que es el paciente y su familia.

Además, creo que el hecho de que haya neuropsicólogos en la universidad es imprescindible para que se valorice nuestra disciplina. Si pudiera ser, está claro que como clínicos primero y posteriormente entrando en la universidad para ser académicos; pero seamos realistas, a día de hoy el sistema no facilita esa posibilidad, y de momento sólo tenemos una vida que dura 80 años (…)

¿Está la Neuropsicología en su mejor momento?

¡Sin duda! Tenemos una nueva revolución que abanderamos sin duda alguna: algunas herramientas que se preveen con un futuro recorrido larguísimo como son la estimulación transcraneal, neurofeedback, etc.; somos agentes imprescindibles ya en muchos trastornos (p.e., las neurodegenerativas); tenemos el reconocimiento de nuestros compañeros de equipo transdisciplinar (p.e., los neurólogos) y un sinfín de indicadores que nos sugieren que nunca hemos estado tan bien. E intentemos seguir trabajando así, porque es la única manera que tenemos de reivindicarnos contra intrusos.

¿Que nos queda mucho por avanzar? ¡Por supuesto! Pero miremos tan sólo 25-30 años atrás… y veremos que por aquel entonces era un hito ver a la primera neuropsicóloga reconocida trabajando en un hospital, que no teníamos apenas herramientas específicas, que no teníamos un corpus teórico bien definido, idiosincrásico y que nos diferenciaba del resto de profesiones clínicas (…) La Neuropsicología ha llegado para quedarse, y eso es gracias a todo lo que se ha hecho en los últimos años, especialmente en este principio de milenio.

¿Cómo imagina el futuro de la Neuropsicología?

Soy tremendamente optimista, aunque la psicología en general no lo permita en exceso. Como he dicho, creo que lo mejor está por llegar, pero nos hemos asentado definitivamente para quedarnos. Y en España veremos en no mucho tiempo cómo se nos dota de legalidad. Ya tenemos una acreditación de expertos. Sigamos caminando, no por los demás, sino por nosotros mismos: sabemos que lo que hacemos tiene un valor incalculable, y nuestros compañeros de viaje nos lo dicen y nos dotan ya de entidad sin ningún problema ni vergüenza. ¡Creamos en nosotros!

Agradecimientos

Desde aquí me gustaría agradecer públicamente a Iban Onandia su entrega y disponibilidad con todo el equipo de Hablemos de Neurociencia, en especial, conmigo.

Gracias por su confianza, su tiempo y esfuerzo

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