Educación: de lo empírico a lo científico

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Introducción

En la actualidad vivimos en un momento de transición en el ámbito de la educación. Deberíamos, por tanto, aprovechar este momento para mirar hacia atrás, ver los errores cometidos y tomar los aciertos, mirar hacia los lados para tomar de otras ciencias, como en el caso de la Psicología y de la Neurociencia, los avances y progresos llevados a cabo, y mirar hacia adelante a un futuro de la educación que esté basado en parámetros científicos y no intereses de ningún otro tipo que no sea única y exclusivamente el interés por conseguir realmente una educación de calidad en donde se pueda obtener el máximo desarrollo integral de todos los educandos que en los próximos años se vayan escolarizando. Desde varias décadas atrás, se viene hablando de conceptos tales como individualización, inclusión, etc. en las escuelas, conceptos en los cuales aún hoy en día se sigue trabajando para buscar la manera de que la plena inclusión sea una realidad sea cual sea la condición social, física, psíquica o motivacional del alumnado. Buscamos motivación en el alumnado, buscamos atender a la individualidad, buscamos una metodología que haga al alumnado protagonista de su proceso de enseñanza- aprendizaje [1]. 

Centros educativos

Es cierto que existen en muchos centros educativos planes y proyectos basados en metodologías más innovadoras. Unos apuestan por la implantación de las tecnologías en el aula, otros optan por el trabajo por proyectos, la eliminación de los libros de texto. Pero aun así no dejan de ser proyectos aislados en centros concretos, que atienden a una determinada población en un determinado momento, muchos de ellos experimentales. Existen además revistas y publicaciones, congresos, jornadas, en las cuales muchos de estos compañeros exponen dichos proyectos, pero seguimos llevando una línea empírica de investigación en educación. 

Por otro lado, ¿cuántos otros compañeros leen esas publicaciones o asisten a esas ponencias? Son muchos los que hacen de la enseñanza una profesión individual y siguen pensando “cada maestrillo con su librillo” y mantienen el aula de su puerta cerrada a nuevas propuestas innovadoras, que al igual que a otros están funcionando pueden que sirvan a otro maestro en otro centro. Quizás precisamente sea ese carácter empírico lo que hace que los avances en educación, las experiencias más innovadoras no se lleven a cabo de forma más colectiva y no sean tan bien recibidas por todos sus miembros.

¿Qué necesitamos?

Necesitamos que la educación se convierta en una profesión de prestigio valorada por la sociedad en general. Que la educación de los futuros ciudadanos se convierta en algo de verdadero interés para todos. Pero somos nosotros, educadores, maestros, pedagogos, psicopedagogos, etc. Los que desde dentro y unidos debemos conseguirlo. Debemos de trabajar colectivamente de forma cooperativa entre nosotros y con otros especialistas de ciencias afines. Desde la Neurociencia aplicada a la educación, podemos darle a la enseñanza, además del carácter empírico, el carácter científico del que carece. Investigadores como Francisco Mora, pioneros en Neuroeducación la definen como la ciencia que nos permite evaluar y mejorar la preparación del que enseña (maestro y ayuda y facilitar el proceso de quien aprende. Puede además ayudar a detectar problemas neurológicos y psicológicos que pudieran interferir con el aprendizaje [3]. De este modo podemos conocer mejor cómo aprendemos, cuándo aprendemos e incluso porqué aprendemos (motivaciones), lo que repercute no solo en avances en el ámbito de la educación especial conociendo mejor diferentes trastornos y síndromes presentes en el alumnado, sino que repercute en la población escolar en general pues podremos elaborar programas educativos desde el punto de vista de la Neurociencia del desarrollo acordes al momento psicoevolutivo, madurativo y motivacional del educando. 

El árbol ha de crecer desde la raíz

No debemos de esperar a que sean los equipos de orientación de los centros de enseñanza secundaria los que realicen dichos programas, sino que debe ser desde las escuelas de educación infantil del primer ciclo de educación infantil (0 a 3 años) y el segundo ciclo de educación infantil (3 a 6 años), donde comience a llevarse a cabo programas educativos basados en la Neuroeducación, pues es en las primeras etapas educativas, en la primera infancia, donde se producen mayores avances en el desarrollo psicoevolutivo, haciendo de las escuelas infantiles y en la enseñanza preescolar el pilar fundamental de la educación, resaltando su importancia y ocupando el lugar primordial al cual hace mucho tiempo se debería haber otorgado. Es en la educación infantil donde se fijan esas raíces, donde se asientan las bases del desarrollo psicomotor que faciliten aprendizajes posteriores, los cuáles sino son correctamente desarrollados dificultarán el proceso educativo del niño. Por todo ello, debemos de dotar a todos los centros educativos, sean de la etapa que sean, de una figura especializada en Neuroeducación que aporte a los educadores, maestros, profesores y familias los conocimientos, últimos avances en relación al desarrollo del cerebro, habilidades cognitivas y funciones ejecutivas, que ayude en la realización de los programas didácticos a llevar a cabo y que contribuya a fomentar una cultura científica en el ámbito educativo.

Referencias bibliográficas

  1. Bazarra, L. et all (2007) Profesores, alumnos y familias. 7 Pasos para un nuevo modelo de escuela. Edit. Narcea.
  2. Carbonell Sebarroja, Jame (2015) Pedagogías del s. XXI. Alternativas para la innovación educativa. Edit. Octoedro.
  3. Mora, Francisco (2013) Neuroeducación. Edit. Alianza.
  4. Sousa, David A. (2014) Neurociencia educativa. Edit. Narcea.

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